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Estrecho de Ormuz: el mundo enfrenta un cierre en la principal arteria petrolera.


El estrecho de Ormuz, la angosta vía marítima por donde circula el 20% del petróleo y una parte sustancial del gas natural licuado que se consume en el planeta, vive un cierre de facto que ha paralizado el transporte energético global. Aunque Irán no ha declarado oficialmente el bloqueo, la Guardia Revolucionaria atacó este fin de semana al menos tres petroleros —dos de ellos con bandera de Palaos y las Islas Marshall— en las aguas del golfo de Omán, mientras que un cuarto buque, el MKD VYOM, fue impactado este lunes por un proyectil que causó la muerte de un marinero indio.


La advertencia iraní de que el tránsito "ya no es seguro" ha provocado que más de 150 buques cisterna permanezcan fondeados en aguas abiertas del Golfo, a la espera de que la situación se estabilice.


El golpe a los mercados energéticos fue inmediato: el crudo Brent superó este lunes los 82 dólares por barril con un alza superior al 10%, mientras que los futuros del gas natural se dispararon más de un 40% en Europa tras la suspensión de la producción de gas natural licuado por parte de QatarEnergy, el segundo mayor exportador mundial. La OPEP+ reaccionó con un incremento de producción de 206,000 barriles diarios, pero analistas advierten que la medida es insuficiente ante la magnitud de la crisis.


Las economías asiáticas, altamente dependientes de esta ruta —Japón importa el 90% de su petróleo desde Oriente Medio, mientras que Corea del Sur e India superan el 70%—, han comenzado una carrera contrarreloj para asegurar suministros alternativos, aunque las opciones son limitadas sin recurrir al crudo ruso.


Las principales navieras del mundo han detenido sus operaciones en la zona o han optado por desvíos que alargan las rutas hasta dos semanas. Maersk, Hapag-Lloyd, MSC, CMA CGM, las japonesas Mitsui O.S.K. Lines, Nippon Yusen y la china Cosco Shipping han suspendido sus tránsitos por el estrecho y el canal de Suez, redirigiendo sus buques hacia el cabo de Buena Esperanza, lo que incrementará los costos de flete y los seguros de riesgo de guerra.


Las consecuencias para el comercio mundial son inminentes: retrasos en las entregas, congestión en puertos alternativos como Singapur o Sri Lanka, y la aplicación de recargos por conflicto que las compañías ya han comenzado a cobrar a sus clientes, alimentando nuevas presiones inflacionarias.


Mientras tanto, Irán ha ampliado el blanco de sus ataques hacia la infraestructura energética de los aliados de Estados Unidos en la región. Un dron impactó este lunes la refinería saudita de Ras Tanura, una de las más grandes del mundo con capacidad de 550,000 barriles diarios, obligando a su cierre preventivo, mientras que en Kuwait escombros de drones derribados cayeron sobre la refinería de Ahmadi.


La estrategia iraní, según analistas, busca elevar los costos económicos del conflicto para los estados del Golfo con la esperanza de que estos presionen a Washington para una desescalada, en un escenario donde el riesgo de un bloqueo prolongado podría disparar el crudo hacia los 100 dólares y sumir a la economía global en una nueva crisis energética.

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