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Entente en Busán entre EE. UU. y China

En una esperada reunión celebrada el 30 de octubre de 2025 en la ciudad surcoreana de Busán, los presidentes Donald Trump (Estados Unidos) y Xi Jinping (China) se vieron cara a cara por primera vez desde 2019, producto de una escalada de tensiones comerciales y estratégicas entre ambas potencias. A bordo del Air Force One, Trump calificó el encuentro como un “12 sobre 10” y anunció una serie de acuerdos para bajar la temperatura en la guerra arancelaria.


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Acuerdos clave: tierras raras, aranceles y soja


Durante su declaración desde el avión, Trump aseguró que China aceptó retrasar por un año sus restricciones a la exportación de tierras raras, un tema estratégico y muy sensible para la industria tecnológica global. De su lado, EE. UU. recortará de forma inmediata varios aranceles: bajará del 20 % al 10 % los gravámenes aplicados a productos chinos vinculados al tráfico de fentanilo, y reducirá el promedio de aranceles sobre bienes chinos del 57 % al 47 %. Además, China se comprometió a reanudar compras sustanciales de soja estadounidense, lo cual representa un alivio importante para el sector agrícola en EE. UU.


Alcance y dudas: tregua o solución a largo plazo


Aunque el tono fue marcadamente positivo, los analistas advierten que lo pactado constituye más bien una tregua que una solución estructural al conflicto bilateral. Según Georgetown University, “ambas partes han dejado las armas en la mesa, pero no han desmantelado sus arsenales”.


Por ejemplo, temas delicados como Taiwán, semiconductores de última generación o la red social TikTok no fueron abordados en detalle durante este cónclave. En este contexto, se observa que el mecanismo acordado está diseñado para durar un año, tras lo cual ambas delegaciones deberán renegociar la situación.


Implicaciones para México y la región


Para México y Latinoamérica, la recomposición de relaciones entre EE. UU. y China plantea un panorama de oportunidades y riesgos. Por un lado, la reactivación de compras chinas de soja estadounidense podría desplazar parcialmente a otros exportadores agrícolas, lo que exige estar atentos ante cambios en los flujos comerciales globales.


Por otro lado, la estabilización de los mercados de tierras raras—clave para la industria electrónica y automotriz—podría reducir presiones de escasez o aumentos súbitos de precios que impactan cadenas productivas globales.


En el ámbito de seguridad, la cooperación entre EE. UU. y China para frenar el tráfico de fentanilo podría reforzarse a nivel hemisférico, ofreciendo un marco para que México y otros países latinoamericanos participen en iniciativas multilaterales de control de drogas.Finalmente, este acercamiento podría abrir espacio para que México revise su papel como puente entre las grandes potencias, aprovechando su posición geográfica y vínculos comerciales con ambas.


No obstante, también implica que deberá monitorear con cautela si el nuevo equilibrio genera dinámicas de competencia que lo afecten indirectamente (por ejemplo en el tema de exportaciones tecnológicas o materias primas).

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