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Francia en llamas: protestas por el costo de vida

hace 5 horas
2 min de lectura

Una ola de protestas sin precedentes sacudió Francia este fin de semana, dejando un saldo de destrucción y caos que culminó con el incendio del histórico Ayuntamiento de Limoges y el derrumbe de su campanario del siglo XIX. Lo que comenzó como una movilización pacífica contra el alto costo de vida y el deterioro de los servicios públicos terminó con miles de detenidos, cientos de policías heridos y edificios emblemáticos reducidos a escombros en varias ciudades del país.



El fuego en Limoges, una ciudad a unos 390 kilómetros de París, fue provocado por un grupo de individuos encapuchados que, al término de la manifestación, atacaron la sede municipal. Los agresores incendiaron primero un vehículo policial y luego rompieron las ventanas para acceder al interior del edificio, inaugurado en 1883 e inspirado en el Ayuntamiento de París.


Las llamas se propagaron rápidamente por una de las alas y alcanzaron la techumbre de madera, que terminó cediendo. El campanario se desplomó poco después de las 20:30 horas locales, mientras los bomberos luchaban por controlar el siniestro. El prefecto de Haute-Vienne, Maurice Barate, confirmó que dos tercios de la estructura exterior quedaron destruidos y el techo colapsó sobre los pisos inferiores.


La jornada de protestas, que reunió a más de medio millón de personas en decenas de ciudades, fue convocada por sindicatos estudiantiles y organizaciones sociales para denunciar la crisis de la educación pública, el encarecimiento de la vida y los episodios de violencia policial de las últimas semanas. El movimiento, que comenzó en septiembre en los suburbios del norte de París por la falta de profesores y el deterioro de las escuelas, escaló hasta convertirse en una protesta nacional contra la gestión del gobierno y la desigualdad económica. Aunque la mayoría de las marchas transcurrieron pacíficamente, grupos violentos atacaron prefecturas, ayuntamientos y comercios en París, Marsella, Lyon y otras ciudades, dejando escenas de saqueos y destrucción que el gobierno atribuyó a grupos de extrema izquierda y ultraizquierda.


El presidente Emmanuel Macron condenó enérgicamente los hechos en un mensaje a la nación y advirtió que "nada justifica la violencia". En su pronunciamiento, Macron aseguró que quienes participaron en saqueos y ataques a edificios públicos serán llevados ante la justicia y pidió a los prefectos regionales prohibir "ciertas reuniones" cuando sea necesario para proteger las ciudades. Las cifras oficiales del Ministerio del Interior reportaron casi 2,400 detenidos y cerca de 1,000 policías y gendarmes heridos, convirtiendo esta jornada en una de las peores crisis de orden público que ha enfrentado Francia en los últimos años. Mientras el país se prepara para una semana de tensión política, las cenizas de Limoges se erigen como un símbolo del profundo malestar social que atraviesa la nación.

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