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Casa Blanca afirma usar el ejército para adquirir Groenlandia.

La Casa Blanca ha elevado la tensión geopolítica al confirmar que el uso de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos es una de las opciones en la mesa para adquirir Groenlandia, un territorio autónomo bajo la soberanía de Dinamarca, su aliado en la OTAN. En un comunicado este martes, la secretaria de prensa, Karoline Leavitt, declaró que la adquisición de esta vasta isla ártica es una "prioridad de seguridad nacional" esencial para disuadir a adversarios en la región, como Rusia y China. La afirmación de que el poder militar "siempre es una opción a disposición del Comandante en Jefe" ha generado una condena unánime en Europa y una profunda preocupación en Groenlandia.



La sorpresiva declaración se produce en los días siguientes a la operación militar estadounidense que capturó en Caracas al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, un hecho que ha hecho que la retórica del presidente Donald Trump sobre otros objetivos sea tomada con mayor seriedad.


El asesor principal Stephen Miller, cuya esposa publicó un mapa de Groenlandia pintado con los colores de la bandera estadounidense y la palabra "PRONTO", afirmó que es la "posición formal del gobierno de EE.UU. que Groenlandia debería ser parte de Estados Unidos". Aunque altos funcionarios como el secretario de Estado, Marco Rubio, han sugerido ante el Congreso que se está considerando una compra o un acuerdo de libre asociación en lugar de una invasión, la amenaza militar directa de la Casa Blanca ha cambiado el tono del debate.


Los principales aliados europeos de Estados Unidos han cerrado filas en defensa de Dinamarca. Los líderes de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Polonia y España emitieron una declaración conjunta con Copenhague, afirmando que "Groenlandia pertenece a su pueblo" y que solo Dinamarca y el territorio autónomo pueden decidir sobre su futuro.


Subrayaron que la seguridad en el Ártico debe ser lograda colectivamente por los aliados de la OTAN, respetando los principios de soberanía e integridad territorial de la Carta de la ONU. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, fue más contundente, advirtiendo que un ataque estadounidense contra un país de la OTAN significaría el fin de la alianza militar que ha garantizado la seguridad europea desde la Segunda Guerra Mundial.


En Groenlandia, un territorio con solo 57,000 habitantes en su mayoría de origen inuit, la reacción es de rechazo absoluto y alarma. Su primer ministro, Jens-Frederik Nielsen, celebró el apoyo europeo y pidió un "diálogo respetuoso" basado en el derecho internacional, rechazando las "fantasías de anexión". Aunque las encuestas muestran que la mayoría de los groenlandeses apoyan una eventual independencia de Dinamarca, una aplastante mayoría (el 85%, según algunos sondeos) se opone a convertirse en parte de Estados Unidos.


La reciente captura de Maduro ha sembrado temor entre la población. Morgan Angaju, un joven inuit, expresó a la BBC el miedo a que su primer ministro pudiera sufrir el mismo destino o, directamente, a que Estados Unidos "invada nuestro país".


En resumen, el renovado interés de la Casa Blanca por Groenlandia—motivado por su posición estratégica en la brecha GIUK y sus vastos recursos minerales—amenaza con fracturar la OTAN y ha generado una crisis diplomática con sus aliados más cercanos. La posibilidad, aunque considerada remota por algunos analistas, de una acción militar contra un territorio aliado marca un punto de inflexión sin precedentes en las relaciones transatlánticas.

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