COVID-19: A 5 años de la pandemia, ciudadanos aún padecen secuelas.
- Ezeta News
- 10 mar
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El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) pronunció una palabra que cambió el rumbo de la humanidad: pandemia. Hasta entonces, el COVID-19 había sido una crisis sanitaria en rápido crecimiento, pero esa designación oficial marcó el inicio de una era de confinamientos, incertidumbre y transformación social.

A cinco años de la llegada de la COVID-19 a México, quienes sufrieron la muerte de un ser querido o sobrevivieron a la enfermedad grave recuerdan como si fuera ayer esos días “horribles”, pues todavía padecen las secuelas físicas y emocionales del virus, que cobró la vida de más de 335 mil personas en el país, según cifras oficiales.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que declaró el 11 de marzo la pandemia, más de 7 millones de personas han muerto a causa de la covid-19 en todo el mundo, con cifras actualizadas a enero de 2025.
Uno de los mayores legados de la pandemia es la rapidez con la que la ciencia logró desarrollar vacunas eficaces. Lo que antes tomaba décadas, se logró en cuestión de meses, gracias a la colaboración global y la inversión en biotecnología. Sin embargo, las desigualdades en la distribución de vacunas han dejado en evidencia la brecha entre países ricos y en desarrollo, un reto que sigue sin resolverse.
Jarbas Barbosa, director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), señala a EFE que la pandemia dejó muchas lecciones, entre ellas, la necesidad de fortalecer la capacidad de laboratorio, de detección temprana especialmente en lo referente a la rápida transmisión de virus como el SARS-CoV-2.
Asimismo, dice, evidenció la dificultad de acceso equitativo a las tecnologías como vacunas, equipos de protección personal, por lo que es clave fortalecer la capacidad de producción de tecnologías de salud en la región para enfrentar una nueva pandemia y responder a los desafíos actuales.
Además, para millones de personas, el COVID-19 no es un capítulo cerrado. Los estragos del COVID prolongado afectan la calidad de vida de muchos supervivientes mientras que el duelo por los fallecidos sigue marcando familias enteras.








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